Además de coincidir con el XXV aniversario de Chernóbil, 2011 ha sido el año del desastre de la central nuclear de Fukushima. Una de las primeras consecuencias políticas ha sido el inmediato abandono de la actividad de las centrales nucleares en Alemania. Una medida que se añade a los enormes costes que realmente supone la energía nuclear y más en un contexto de crisis sistémica. Pero de lo que no se habla es que el negocio se ha trasladado al mercadeo de los residuos radiactivos. En especial es uno de los componentes fundamentales de la nueva generación de energía: el MOX, con mucho, extremadamente contaminante y peligroso.
Este año va a ser el último año que se traslade este material hasta la planta de Gorleben. En verdad, supone una parte mínima del reciclaje de esta basura teniendo en cuenta, por ejemplo, que la mayoría de ella se deja a cielo abierto en territorio siberiano después de sustanciosos acuerdos entre AREVA y la oligarquía rusa.
El convoy Castor ha terminado sufriendo una demora récord de 126 horas gracias a la organizada resistencia demostrada por todos y cada uno de los militantes que han participado en las acciones de bloqueo. ¡Aupa los que luchan!











