Requiem por un disidente

de Daniel de Roulet

Es uno de los más altos y ricos valles habitados de Suiza, la Engadina. Cuando uno se encuentra allí arriba, en las calles de Saint Moritz, uno no distingue apenas los valles de más abajo donde viven las gentes menos ricas, a lo largo de la frontera italiana. De un lado, el valle Bregallia, del otro, el valle de Poschiavo. Giacometti vivía en el primero, Marco Camenisch en el segundo. El uno y el otro han conocido la guerra fría y su modelo local, la glaciación helvética. Giacometti se fue a París, Camenisch no fue más allá de Zúrich. La similitud de su historia no se detiene ahí.
He visitado, en Stampa, el cementerio donde está la tumba de Giacometti. He cogido el autobús que baja el puerto de la Maloja. Las tumbas grandes son las de quienes han conocido el éxito, que han sido profesores de nuestra escuela politécnica o banqueros. A lo largo del muro, los admiradores de Giacometti que pasan por ahí, han adquirido la costumbre de colocar de pie una pequeña piedra sobre su modesta tumba de piedra. Una sencilla seña a nuestro escultor disidente.
He ido a Brusio, a la tumba del padre de Camenisch que era aduanero. El valle de Poschiavo es un poco más amplio, el sol se pone más tarde, el cementerio está en plena pendiente, por pisos, cada tumba estrictamente idéntica la una de la otra. Sobre la tumba del aduanero, muerto en 1989, un ramo de margaritas se marchitaba lentamente. Es ahí que Marco ha sido visto libre por última vez. Había venido dos meses después del entierro para meditar sobre la tumba de su padre. Pensaba que la vigilancia de los policías y de los aduaneros alrededor del cementerio se habría relajado un poco. Había seguido desde Italia, a través de la montaña, el sendero de los contrabandistas. Como Farinet en la novela de Ramuz[1]. Pero otro aduanero le habría reconocido y las cosas se torcieron. Al menos es lo que nuestra justicia cree haber entendido.
En tiempos de la guerra fría en Suiza, los comunistas eran expulsados de la universidad, como Bonnard[2], los traidores encerrados, como Jeanmaire[3]. ¿Pero qué hacer con los disidentes, que no quieren alinearse ni con Moscú, ni con la Casa Blanca? Se les seguía de cerca, se les dejaba marchar a París, pero cuando se les coge con las manos en la masa, se les castiga para dar ejemplo.
Lo que le ha ocurrido al joven Marco Camenisch, que por entonces tenía menos de treinta años. Como había colocado, en 1979, algunos petardos contra el lobby de energía nuclear en Grisons, ha sido condenado de golpe a diez años de cárcel. Nadie se lo esperaba. Incluso la prensa de Zúrich estaba indignada. Lo que en cualquier parte, en los Estados Unidos como en Europa, supone para los militantes antinucleares multas simbólicas o condenas a prisión condicionadas ha supuesto para Marco diez años de prisión firme. Para dar ejemplo.
En un lugar desierto, había intentado derribar el poste de una línea de alta tensión. El poste no cayó. La acción servía de acompañamiento a un comunicado muy pedagógico explicando los riesgos que la energía nuclear puede hacer correr a los habitantes del planeta. En esa época, no había habido accidentes ni en Three Miles[4], ni en Chernóbil, el lobby nuclear no tenía más intención que el reseñado bienestar de la humanidad. Sus enemigos eran acusados de querer volver a la época de las cavernas. El poste de la NOK[5] no cayó, pero el mismo día, dos años más tarde, el 12 de noviembre de 1981, mientras Marco se pudría en prisión, otros antinucleares se habían encargado de derribar esta recalcitrante torre. Socarrones aplausos llenaron las redacciones que habían recibido un comunicado firmado: do it yourself.
El primer proceso Camenisch es la vergüenza de nuestra justicia. Diez años de chabolo para dar ejemplo, es el estilo de esta Suiza incapaz de proponer otro porvenir a su juventud que el de una “guerra fría” a perpetuidad. En Regensdorf, Camenisch es encerrado junto a la Banda del Alfa Rojo, los tenores del gran bandidaje internacional. En diciembre de 1981, aprovecha para seguirles durante su evasión. Sale mal, un guardia cae en la refriega. Pero Marco es “libre”, si se puede llamar así a la clandestinidad a perpetuidad a la que es condenado. Querría volver a ver a los suyos, imposible, los polis vigilan en permanencia el domicilio de sus padres. Los aduaneros también, ya que el pueblo está justo sobre la frontera italiana. El día del entierro, la policía toma el cementerio y el jardín del pastor, justo al lado, lo he visto. ¡No se desconfía nunca lo suficiente de los pastores! Marco espera dos meses para hacer una visita al pequeño cementerio escalonado. ¿Realmente es él, quien ese día, ha disparado sobre quien había sustituido a su padre para vigilar estrechamente nuestras fronteras?
Dos años más tarde en Italia, Camenisch es detenido, acusado de haberse atrevido de nuevo con una torre de alta tensión. De nuevo la cárcel, fuerte condena, después la extradición y este último proceso en Suiza. El tiempo para Marco se ha detenido en plena “guerra fría”. Esta vez contra él se pide cadena perpetua. ¿Pero quién es pues la jueza de instrucción que ha preparado el proceso con tanto odio? Nada menos que la hija de quien representa el lobby nuclear. ¿Acaso no es la fiscal del distrito, Claudia Wiederkehr, la hija de Peter Wiederkehr director general de la NOK desde 1993 a 2002, después de haber sido miembro del gobierno zuriqués de 1975 a 1993? En la tragedia griega, los que ejecutan las venganzas actúan todos por tradición familiar. ¡Ay, de los vencidos! Y ya se prepara la venganza de la venganza: la semana pasada en Zúrich, los amigos de Marco han devastado un repetidor de televisión. Estragos por más de un millón.
Si un día, antes de morir de su cáncer de riñón, Marco sale de prisión, sin duda alguna irá a ver la tumba de su padre, el aduanero, para poner otra margarita. Si aún le quedan fuerzas, le imagino yendo hasta la tumba de Giacometti. Marco pondrá la pequeña piedra que llevaba en el bolsillo y con la cual pensaba poder hacer temblar al lobby nuclear y a un país que se ha quedado en la edad de hielo.

marzo de 2005.

[1] N. de t. Charles-Ferdinand Ramuz es un escritor suizo de lengua francesa 1878-1947. Su país de origen le hace honor mostrando una impresión artística de su trabajo en los billetes de 200 francos. Toma distancia de un movimiento literario regionalista con el cual flirtea al iniciar su carrera, sin abandonar estos temas del mundo campesino que le permiten alcanzar lo universal desde lo extremadamente particular. También abandona las novelas de un solo personaje, dedicándose a las comunidades. Su obra, elaborada desde la constante preocupación por alcanzar la generalidad desde la descripción de lo particular, es esencialmente trágica, toda vez que cuestiona los géneros.
[2] N. de t. André Bonnard, profesor de griego, reputado traductor de Sófocles, que en 1952 es acusado de espionaje político. En Suiza, el proceso Bonnard ha revelado los métodos ilegales y a menudo ridículos de la policía política, que pese a todo continuará acumulando casos, sobre centenares de miles de fichas, y millones de investigaciones secretas e irrisorias.
En el contexto de la guerra fría y de la caza de brujas, con el trasfondo de la guerra de Corea, y de camino a Berlín oriental para participar en una reunión del Congreso Mundial de la Paz el profesor Bonnard es detenido en Zúrich. Se le acusa de desacreditar la imparcialidad de la Cruz Roja Internacional (CICR) y de ser un agente de propaganda soviética. Se forman numerosos comités de apoyo, y posteriormente recibe el premio Lenin de la paz en 1954.
Para conocer la versión de Bonnard durante el juicio hay que leer la Voix Ouvrière donde recuerda frases míticas de Max Huber como “la guerra hacía subir las acciones de Aluminio de la empresa AG de Huber, mientras que la CICR de Huber ponía vendas sobre las heridas de guerra”, cabe recordar que Huber preside el Tribunal Internacional de La Haya durante veinte años. Bonnard recuerda también como le había chocado ver a Carl J. Burckhardt, eminente miembro de la CICR y alto comisionado en Dantzig, ser felicitado por Goebbels en portada del periódico Das Reich, esto mismo cuando desde 1937 se había excluido a los judíos de la CICR alemana.
Ya desde los años treinta, André Bonnard, sacó de su fe protestante las convicciones que le hacen comprometerse contra el fascismo y el nazismo. En los clásico griegos, como el Prometeo de Esquilo y sobre todo en la Antigona de Sófocles, descubre una apología de la revuelta y del compromiso. En 1937, se adhiere a los « Amigos de la España republicana ».
[3] N. de t. Jean-Louis Jeanmaire era un coronel de brigada del ejército suizo, 1910-1992. En 1959, durante el transcurso de unas maniobras, Jean-Louis Jeanmaire conoce a Vassili Denissenko, por entonces agregado militar soviético en Berna. Él, su mujer y el oficial de información se harán amigos. Su mujer, de origen ruso, se hace amante de Denissenko.
Alertados por el servicio de información extranjero, las autoridades suizas detienen a Jean-Louis Jeanmaire en agosto de 1976. Sospechan que ha entregado documentos militares a miembros de la embajada soviética en Berna.
Al término de su proceso, es condenado a 18 años de prisión por espionaje en beneficio de la URSS, es degradado y expulsado del ejército, una condena superior a laque reclamaba el ministerio fiscal. Puesto en libertad doce años después, ha continuado ha seguido peleando para obtener la revisión del proceso.
[4] N. de t. Three Mile Island es una isla en el río Susquehanna cerca de Harrisburg, Pensilvania, Estados Unidos. El nombre de la isla se asocia generalmente al accidente nuclear que sufrió la central nuclear del mismo nombre en 1979. Hasta el accidente de Chernóbil, ocurrido siete años después, Three Mile Island fue considerado el más grave de los accidentes nucleares civiles (de categoría 5 en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares INES). El acontecimiento ocurrió, casualmente, tres días después del estreno de la película El síndrome de China, que trataba sobre un incidente ficticio pero con grandes similitudes y que ofreció Jane Fonda como reportera de televisión en una estación en California. La película procura difundir al público lo inseguro de la planta. Durante una escena, habla con un experto de seguridad nuclear, que dice irónicamente que una fusión podría forzar la evacuación de la población en un área "del tamaño de Pennsylvania".
[5] N. de t. Las siglas NOK son las de Nordostschweizerische Kraftwerke, la empresa eléctrica suiza más importante.