Fragmento de Esbozo de un amor a primera vista


No hubo tiempo más que para una sola foto de boda en la que Karl, vestido con un holgado pantalón de uniforme, cazadora y gorra calada en la frente, coge a Herminia de la mano. Sonríen, casi tímidos, divertidos o pícaros. Sonríen también los amigos, los parientes, la gente que pasa y que, como es costumbre en España, se ha unido a la comitiva. Nada indica el motivo de la celebración, podría tratarse tanto de un encuentro familiar, como de una fiesta entre compañeros de trabajo. Sólo aquellos que concentren su mirada y presten atención, comprenderán las circunstancias de la festividad. Fijando la mirada, reconocerían la estrella del Ejército Popular que el soldado a la izquierda de Herminia lleva sobre el bolsillo de la chaqueta, en lugar del distintivo de rango. Y prestando la suficiente atención, podrían captar algunas de las catorce historias que la foto quiere contar, una por cada uno de los integrantes.
La niñita, por ejemplo, en cuyos hombros reposan las manos del soldado es huérfana de guerra. En algún momento saltó de un carro de refugiados o salió arrastrándose por entre los escombros. Probablemente aún esté viva; debe de ser una mujer de unos setenta años, abuela, viuda. También Antonio Ferrer vive todavía, aquel hombre delgado con bigote en la segunda fila, el último a la izquierda. Al parecer está gravemente enfermo, ya no reacciona, me dicen. Antonio, sin el que, como ya he dicho, no se hubiera celebrado la boda con tanta celeridad. La foto, a su vez, no existiría sin Emilia (a la derecha de Karl) que recorrió la ciudad durante días hasta encontrar por fin un pliego de papel de foto, en alguna oficina o empresa de vital importancia para la guerra; los amigos de unos amigos se lo habrán conseguido clandestinamente. También podría afirmarse que Emilia no aparecería en la foto si no hubiese existido la mujer a su lado. Ignoro cómo se llama. Sólo sé que su madre dio de mamar a Emilia hace veintiséis años porque la madre de ésta había muerto nada más dar a luz. Por lo demás, poco puedo decir, salvo que al lado de Antonio está su mujer Maruja y que la mujer de gafas y el joven de traje claro son periodistas, quizás amigos de la familia Roudière Perpiñá, aunque también es posible que se hayan acercado a la boda atraídos por un interés profesional; la ocasión justificaría su presencia. Todos tienen los pies bien firmes sobre la tierra, (se puede ver detrás de ellos, a la izquierda, el palacio de Justicia de Valencia y, a la derecha, las copas de unos árboles), pero a pesar de todo, la imagen tiene algo de provisional, como si los personajes se hubieran juntado sólo para ese instante.