Llamamiento de los 451

Por la constitución de un grupo de acción y reflexión en torno a los profesionales del libro.

Llamamiento de los 451
"Desde hace ya un tiempo, venimos (1) reuniéndonos para hablar de la situación actual y futura del libro y de los oficios y profesiones que lo rodean. Atrapados como estamos en una organización de lo social que divide sus tareas, y partiendo de un sentimiento común –originado en las más diversas experiencias- de una degradación acelerada en las maneras que hay de leer, producir, compartir y vender libros, consideramos hoy que la cuestión no se limita a este sector y buscamos soluciones colectivas para una situación social que nos negamos a aceptar.

La industria del libro vive en gran medida merced a la precariedad que aceptan muchos de sus trabajadores por necesidad, dedicación, o compromiso político. Mientras estos se esfuerzan por difundir ideas o imágenes que nos permiten ampliar nuestra perspectiva del mundo, otros se han percatado de que el libro es sobre todo una mercancía con la que es posible juntar considerables beneficios. Al tiempo que se adueñan de los grandes principios de independencia o democracia cultural, ponen en marcha la maquinaria publicitaria, la explotación salarial y la diversificación del monopolio, los Carrefour, Fnac, Amazon, Lagardère y demás grandes grupos financieros pretenden hacernos perder de vista una de las dimensiones esenciales del libro: un vínculo, un punto de encuentro.
Entretanto, se trate o no de oficios con reconocimiento social simbólico, o del más insignificante trabajo indispensables todos ellos en la cadena económica, cultural y social, los diversos oficios del libro van siendo descualificados y reemplazados por cálculos técnicos, para los cuales tomarse su tiempo resulta algo inconcebible. ¿No será pues que la industria del libro no necesita más que de consumidores impulsivos, creadores de opinión o cualquier otro sustituto maleable? Muchos de nosotros nos encontramos de esta manera sumergidos en la lógica mercantil, desprovistos de cualquier tipo de pensamiento colectivo o de perspectiva de emancipación social –espantosamente ausentes hoy del espacio público.
Sometida al criterio del éxito, la producción de ensayo, literatura o poesía se empobrece, los fondos de librería o de las bibliotecas desaparecen. El valor de un libro está, pues, en función de sus resultados de ventas y no de su contenido: dentro de poco solo será posible leer lo que funciona. Ahora bien, aunque el presidente de Amazon manifiesta que “las únicas personas necesarias para la edición son ya el lector y el escritor (2)”, hay personas que siguen trabajando con libros (3): librerías, imprentas, bibliotecas o editoriales a escala humana. Pese a nuestra voluntad de resistencia, estamos, como la gran mayoría, rodeados por todo lo informático, la lógica de gestión y la dificultad de llegar a fin de mes. Estamos también incluidos dentro de una pseudo-democratización de la cultura que, con perfecto disimulo, se reduce al empobrecimiento y uniformización de las ideas y del imaginario, y que se refleja en la racionalidad de mercado. Desorientados, intentamos no quedarnos fuera: nos las vamos apañando con el software, los pedidos on-line, los correctores automáticos, las deslocalizaciones, la avalancha de novedades huecas, las amenazas de los bancos, los aumentos de alquiler y las digitalizaciones salvajes.
Sin embargo, no podemos decidirnos por reducir el libro y su contenido a un flujo de informaciones digitales y hacer “clic” ad nauseam; lo que producimos, compartimos y vendemos es ante todo un objeto social, político y poético. Incluso en su aspecto más sencillo, de entretenimiento o de placer, nos aferramos a la idea que siga rodeado de humanos. Rechazamos con rotundidad el modelo de sociedad que nos proponen, en algún lugar entre la pantalla y las grandes superficies, con sus bip-bip, sus neones y sus auriculares, que tiende a conquistar también el resto de los oficios y profesiones. De esta manera, pensando en el momento actual de la profesión del libro, pensamos también en todos los que están viviendo situaciones demasiado parecidas como para pasar desapercibidas: los médicos fraccionan sus actividades para extraer mejores resultados, los trabajadores sociales se aburren rellenando tablas de evaluación, los carpinteros no pueden poner un clavo más de lo que haya dicho un ordenador, los pastores están obligados a poner chips electrónicos a sus ovejas, los mecánicos obedecen a su maletín informático y la mochila electrónica en los colegios está al caer.
La lista es tan larga que debemos agruparnos y hacer descarrilar esta máquina de progreso ciego. En vez de quedarnos esperando la siguiente medida inflexible de la Unión Europea o el enésimo ataque del ministerio de Cultura contra la cadena de profesionales del libro, preferimos organizarnos ya. Por ejemplo, ideando alternativas, creando cooperativas y mutualidades, uniéndonos para obtener mejoras salariales; o incluso también creando espacios y prácticas más acordes con nuestra visión del mundo y de la sociedad en la que queremos vivir.
La conciencia de la dimensión del desastre que se nos avecina, nos hace ser optimistas: todo está por construir. Antes de nada, queremos dejar de echarnos eternamente la culpa los unos a los otros además de acabar con la resignación y el derrotismo que se respira. Lanzamos, pues, un llamamiento a todos aquellos que se sientan concernidos a reunirse, con vistas a intercambiar opiniones sobre nuestras dificultades y nuestras necesidades, nuestros deseos y nuestros proyectos.
Estáis invitados a un primer encuentro nacional de debate, con vistas a intercambiar reflexiones, elaborar grupos de trabajo o preparar acciones comunes (4) en Montreuil, el fin de semana del 12 y 13 de enero de 2013, en la Parole Errante (5).
Notas:
(1)   Autoras/es, editoras/es, maquetadoras/es, diseñadoras/es gráficos, correctoras/es, impresores, difusoras/es, distribuidoras/es, libreras/os, repartidoras/es, ilustradoras/es, bibliotecarias/os,…
(2)   Le Monde, 21 de octubre de 2011.
(3)   Un campesino amigo nos contaba como: « antes, había tomates. Entonces, fabricaron el tomate de mierda. Y en vez de llamar al tomate de mierda “tomate de mierda”, lo han llamado “tomate”, mientras que el tomate, el que tenía sabor a tomate y que se cultivaba como tal, se ha convertido en “tomate bio”. A partir de ese momento se fastidio todo.” Rechazamos de entrada, pues, el término de “libro digital”: un archivo digital de datos que se descarga en una tableta nunca será un libro.
(4)   Los temas hasta aquí tratados son: 1. condiciones de trabajo en la profesión del libro; 2. venta on-line y digitalización; 3. del autor al lector: oficios y saber-hacer en la cadena del libro; 4. la economía del libro: entre reparto y beneficios (asociaciones, comercios, cooperativas, mutualidades, bibliotecas…); 5. ¿Cuál es el espacio del libro?
Otros temas pueden ser propuestos por quien lo desee; la programación estará pronto disponible.
(5)   9, rue François Debergue, 93100 Montreuil, Métro Croix de Chavaux.